Y parece que ya es regla que a la hora de la verdad todos nos olvidemos de lo que somos, lo que fuimos,
lo que prometimos ser.
"En un principio, yo me preguntaba sobre lo que le había impedido hacer un descubrimiento tan general en la época de sus devastadores amores. Ahora ya lo sé: era el asco, una repugnancia infantil por los cuerpos que él juzgaba fatigados por antiguas caricias. De adolescentes, cuando mirábamos a las mujeres, yo las quería todas, pero él sólo quería una, y que fuese la suya. No concebía que se pudiera amar si no era desde el alba y hasta la noche, ni que pudiese haber posesión cuando no se poseía a la mujer, cuando ella no te poseía a ti. Él pensaba que el hombre es sedentario, que las aventuras son como los viajes: unas abstracciones; mil y tres mujeres son mil y tres veces la misma, y él deseaba una sola que fuese mil y tres veces otra; amaría en ella, como una promesa contra la muerte, hasta los signos secretos de la fecundidad."
Jean Paul Sartre, marzo de 1960.
Prólogo a "Aden Arabia", de Paul Nizan
Y tiemblo, lloro, suplico. Imploro. Mi cama se vuelve cárcel y mis pensamientos, pesadillas. Otra noche que [sobre]vivir. Preguntándome ante qué nueva sombra voy a dejarme caer. Cómo voy a sabotearme esta vez. Siempre lo mismo. Siempre. Una y otra vez. Pánico. Mortífero. Pánico. De nuevo. Pánico. Es el mismo, pero renovado. Más fuerte. Más grande. Cada vez más certero. Los años le (me) enseñaron dónde golpear.
Sí, hay noches en que ni tu risa puede salvarme del miedo.
[Y eso significa que ya toqué fondo]


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