{{"Ahi va uno de los prototipos de Dios. Un mutante ni siquiera reconocido por la producción en masa. Raro para vivir y escaso para morir."}}

06 junio, 2012

13 mayo, 2012

Tarnished Angels

¿Sabes quién yace muerto en el fondo del lago? El hijo de un médico rural de Ohio, que se negó a seguir los pasos de su padre porque era un hombre del siglo XX. Era un chico que se coló bajo la tienda de una guerra lejana, sólo porque ya no le interesaban las motos y los coches. Porque sentía pasión por la máquina voladora. No conocía más bandera ni más enemigo que la muerte. Cuando acabó la guerra se convirtió en héroe a su pesar. Él no pidió los confetis y las banderitas. Y huyó de todo ello. Estuvo perdido hasta que descubrió esos pilones. Esos tres huesudos dedos de la muerte que se alzan de la tierra esperando hacerle caer en picado. Y persiguió a esos pilones de costa a costa. Canadá en verano, México en invierno. Los cuatro viviendo con una sola maleta y un solo abrelatas. Y no buscaban dinero, ni tampoco la gloria. Porque la gloria duraba hasta la carrera siguiente. Era un hombre conquistado por la máquina de volar. Y eso no es todo. Abandonó cualquier ambición terrenal. Hogar, familia y amor. ¿Por qué? Porque en su fuero interno sabía que un hombre sin sangre en las venas tenía que caer… antes o después. Y Roger Shumann cayó. La noche anterior a caer en el lago… cayó tan profunda y duramente por culpa de la máquina de volar… que el aceite de motor escapó de sus venas. Y su corazón, cargado de vergüenza, volvió a bombear sangre. Cuando dobló el último pilón era algo que creyó que nunca volvería a ser. Un ser humano. Sólo murió porque pensó en los seres humanos que podía matar si aterrizaba en la pista. Entre ellos se hallaban una mujer y un niño cuyo amor finalmente había aceptado. Una esposa y un hijo por quienes quería traicionar a la máquina voladora. Y ésta le traicionó a él. Murió con una muerte de héroe. Y merece nuestras lágrimas. Así que lancen suavemente la tierra en su tumba. Quítense el sombrero. Inclinen la cabeza. Y lean con respeto su epitafio:
“Aquí yace Roger Shumann. Hermano del desconocido hombre prehistórico que por primera vez montó un caballo para recorrer el horizonte.”

23 febrero, 2012

"En un principio, yo me preguntaba sobre lo que le había impedido hacer un descubrimiento tan general en la época de sus devastadores amores. Ahora ya lo sé: era el asco, una repugnancia infantil por los cuerpos que él juzgaba fatigados por antiguas caricias. De adolescentes, cuando mirábamos a las mujeres, yo las quería todas, pero él sólo quería una, y que fuese la suya. No concebía que se pudiera amar si no era desde el alba y hasta la noche, ni que pudiese haber posesión cuando no se poseía a la mujer, cuando ella no te poseía a ti. Él pensaba que el hombre es sedentario, que las aventuras son como los viajes: unas abstracciones; mil y tres mujeres son mil y tres veces la misma, y él deseaba una sola que fuese mil y tres veces otra; amaría en ella, como una promesa contra la muerte, hasta los signos secretos de la fecundidad."
Jean Paul Sartre, marzo de 1960.
Prólogo a "Aden Arabia", de Paul Nizan

19 mayo, 2011

Y tiemblo, lloro, suplico. Imploro. Mi cama se vuelve cárcel y mis pensamientos, pesadillas. Otra noche que [sobre]vivir. Preguntándome ante qué nueva sombra voy a dejarme caer. Cómo voy a sabotearme esta vez. Siempre lo mismo. Siempre. Una y otra vez. Pánico. Mortífero. Pánico. De nuevo. Pánico. Es el mismo, pero renovado. Más fuerte. Más grande. Cada vez más certero. Los años le (me) enseñaron dónde golpear.



Sí, hay noches en que ni tu risa puede salvarme del miedo.

[Y eso significa que ya toqué fondo]

02 mayo, 2011

Celebrate a dream come true, every dream is possible  ♪♫
la piba se fue a Disney, entró a Hogwarts y volvió con la esperanza renovada 



(y unas mil hojas que leer para rendir esta semana :|)

26 marzo, 2011

365 días después~

Me encontré a mí misma al borde del abismo y ahí instalé mi corazón. Habité el infierno hasta que la costumbre logró que las quemaduras dejasen de arder. Bailé en el limbo con los ojos empapados y la cabeza en llamas y me asomé al vacío, seducida por la gravedad. Tropecé muchas veces, atosigada por el silencio de tantas voces en la atestada soledad de mi mente. En el altar de mi cama sacrifiqué días enteros a Morfeo y desperté espantada al descubrir que, a veces, ni en sueños se puede escapar. Negocié con la vida un par de respiros a cambio de una promesa y seguí adelante más por inercia que por convicción. Por primera vez no pude pintarme la sonrisa indeleble y el llanto la desdibujó.

Hace un año escribía 
"Miles de lágrimas y este vacío adentro que ruega que alguien le diga que  existe la vida después de este infierno."
y hoy quisiera volver atrás para jurarme que la hay.