
Nuestra historia fue confusa,
hiriente, dolorosa,
punzante incluso tal vez.
Sofocante.
Nunca pudiste aceptar que me querías,
nunca dejaste que yo te quisiera
y nunca dejaste de quererme.
No me permitiste olvidarte,
así como nunca me olvidaste;
y no me permitiste dejarte,
así como nunca me dejaste.
Y si dolió, fue tu culpa.
Y si lloré, fue tu culpa.
Y si sufrí, si deseé morir,
si me odie, si quise estar lejos,
y si mi corazón se rompió, también fue tu culpa.
Fue tu culpa por ser tan complicado
por meterme en un laberinto sin salida
que como premio prometía tu amor
pero que no era más que una mentira.
Fue tu culpa porque no pudiste aceptar
lo que te pasaba conmigo,
porque nunca pudiste entender
que amar se trata de animarse
de olvidarse de los miedos,
y de que el mundo desaparezca
para que sólo quedemos los dos.
Nuestra historia fue confusa,
hiriente, dolorosa,
punzante incluso tal vez.
Sofocante.