14 abril, 2010
Día 6485 en la Tierra (y seguimos contando).
Y sentirte sola. Irrelevante. Insignificante. Olvidable. Reemplazable. Descartable.
Perdiendo en esa guerra entre vos y tu conciencia que te dice lo que de todos modos ya sabés. Cansada de luchar por mantenerte cerca de la superficie. Estás harta de decir que estás bien, de simular que ya lo olvidaste. Destruida de tantas batallas con muchas penas y nada de gloria. [Todavía me pregunto cómo hiciste para no dejarte caer.] Olvidada. Abandonada. Exhausta de tanto correr tras los fantasmas ausentes, temblando de miedo y tragándote las lágrimas. Afónica de tanto gritar esperando que alguien se digne a darse cuenta de lo que pasa. Que alguien mire y recuerde que estás ahí. Que siempre estuviste. Pero nadie contesta. Nadie aparece, a nadie le importa. La historia de tu vida. Aparentemente jamás fuiste lo suficientemente importante como para merecer su atención o aunque sea una explicación. Sos tan poca cosa que ni un simple “¿Estás bien?” te merecés de parte de todos aquellos a los que alguna vez diste todo por ayudar.
Quizás es hora de que lo aceptés y dediques el resto de tus días a contar las horas que te separan de la nueva vida que algún día empezarás lejos de todo y de todos.
27 marzo, 2010
Es curioso cómo la vida pasa, las cosas cambian y todo sigue igual.—
Dos mil diez. Cuatro capítulos de mi novela listos y editados. Una semana en la playa con amigos para que pudiese disfrutar de todo aquello que ya se me estaba yendo. Dos sesiones con la psicóloga de DAMSU [y dos más con la de la escuela]. Cuatro amigos que ya no están [y dos que ya ni sé]. 308 mensajes de texto. Dos personas que de repente ya no me hablan. Tres meses. Una ecografía. Diecisiete pastillas anticonceptivas. Una lady-cartuchera. Aproximadamente veinte [casi] ataques de pánico y unas tres contemplaciones de suicidio. 86 días. Trece libros que esperan a ser leídos [y uno que hace meses que está a la mitad]. Un picnic por el mismo amor. Dos vestidos nuevos. Doce semanas. Un amor que no para de doler y un inicio de cuadro depresivo que no parece amainar. Cinco entradas y una amenaza en el blog. 2.064 horas [tal vez un poco más, acaso un par menos]. Una gothic, una noche en la alameda y una muy mala fiesta de disfraces. Doce bidones de Citric y unas quince botellitas de Paso de los Toros. Muchas peleas con mis viejos. Una responsabilidad civil ignorada y una culpa constante que no me deja vivir. Dos pruebas de italiano y una de inglés. Dos películas en 3D, dos clases de cine, un libro encargado en Yenny’s que no sé cuándo me dignaré a comprar y una nota a Dora. Unas ganas locas de irme a la mierda y un miedo enfermizo a fracasar. Seis, siete, ocho mareos. Diez tardes ocupadas solamente en dormir. Un ovario de menos de tres centímetros con un quiste de más de seis. Dos reinas de la Vendimia escrachadas y casi cuatro mil folletos repartidos. Una organización acabada y resucitada. Tres limados. Cien pesos en el buzo y todavía queda plata por pagar. Una necesidad loca y exacerbada de conseguir un trabajo. Dos películas de Campanella vistas y 31 capítulos de Cold Case grabados sin ver. Cinco días para pintar cuatro paredes. Dieciséis notas en el facebook y cuatro textos empezados y jamás terminados. Unas diez personas interesantes conocidas y unos veinte pelotudos a los que no quiero ver nunca más. Un imbécil al que me prometí que iba a matar y un par de ojos celestes casi grises a los que que me juré hablarle. 107 días para cumplir dieciocho y el sentimiento de que ya nada va a cambiar. Miles de lágrimas y este vacío adentro que ruega que alguien le diga que existe la vida después de este infierno.
12 marzo, 2010
Todo eso que queda sin palabras entre los dos.—

23 febrero, 2010
AVATAR
14 febrero, 2010
Sorry, darling. Hoy te dejo con las ganas.

15 enero, 2010

07 enero, 2010
Y es que cuando estoy con vos nada más parece importar.—

Raptarte una noche de improviso y obligarte a olvidar el mundo tras la puerta cerrada con llave. Parar los relojes en el segundo exacto en que mis ojos se detienen, ardientes, en los tuyos; en un mutuo y silencioso acuerdo. Llenarme de ellos y de la manera en que me mirás, temeroso y expectante por dar el primer paso. Y sí, romper de una vez por todas las distancias. Romper con los esquemas, romper con las convenciones. Destruir esa espera que nos está quemando de a poco. Tomar revancha del aire que se interpone entre nosotros y no dejarle un espacio en el que colarse. Tocarte como nunca antes pude hacerlo. Desgastar tu cutis de tanto acariciarlo y volverlo a engrosar a base de besos. Pasear por esas zonas sensibles de tu piel, despertándote escalofríos y animándote a hacerle caso a tus instintos, a satisfacer tus más locos e impúdicos deseos.
Y que vos también me toques de mil maneras diferentes; con afán casi salvaje, con imperiosa urgencia, con apuro demandante, lascivo; incontenible. Hacerme agua entre tus manos para caer cual lluvia copiosa sobre cada recoveco de tu cuerpo. Imparable. Insaciable. Impaciente. Indomable. Inundándolo todo de ganas, de pasión, de deseo. Dejarte nadar en mí y hacerte naufragar ahí donde los sentidos se fusionan, donde mis piernas —y quizás también el mundo— se terminan. Ahí donde vos y yo nos hacemos uno.
Convertirme en protagonista de tus más perversas fantasías para después volverlas realidad. Convertirte a vos en mi droga personal, en mi vicio más arraigado. Encadenarme a tus labios para convertirme en esclava de tus besos. Anudarme a tus manos para ya no poder alejarme de tus caricias. Olvidarme de mi nombre de tanto gemir el tuyo. Arrancar de tu piel a mordiscos las huellas que amantes pasadas dejaron y marcarte con las mías propias. Llenarte de ellas y declararte a vos, tu cuerpo y tu alma de mi entera y exclusiva propiedad. Mío. Mías tus madrugadas, míos tus brazos. Mío el derecho a tocarte, mías las sílabas por las que clamas. Mío el tacto que te hace enloquecer, mías las gotas de sudor que surcan tu nuca en las noches de pasión.
Entregarte servidos en bandeja cada uno de mis latidos para que compongas con ellos una melodía sobre la que yo pueda plasmar en letras todo aquello que podríamos hacer los dos, robándote uno que otro rubor, de esos que se te dan poco pero maravillosamente bien. Y mirarte. Mirarte mucho. Y descubrir el momento exacto, preciso en que dejás de ser el chico bueno y educado que despierta sonrisas tontas y te convertís en esa inexplicable fuerza magnética que invita a la sinrazón. Y adorarte en ambas fases de forma distinta, ciega y descontroladamente. Quererte con o sin ropa. Quererte sin clichés, sin frases cursis, sin esperas, sin inhibiciones, sin distancias. Quererte con locura, con ardor, con entrega; con ganas de quedarme por siempre ahí en tu cama, hablando de nuestros sueños desquiciados entre beso y beso.

Y volver a caer en tus brazos, lista para otra dosis de tu sabor. Perderme entre tus piernas esperando nunca encontrar una salida. Sentir cómo tu lengua se cuela en esos lugares que nunca antes nadie tocó, haciéndome enloquecer lenta e irrevocablemente. Enredarme con tus sábanas, perdiendo el sentido del tiempo y el lugar mientras el vaivén de caderas corta una a una las ataduras que me ligan al mundo y adormece mis miembros. Ver el brillo pecaminoso de tus ojos en el instante justo en que el placer tense mis músculos y me obligue a morderme los labios para tragarme las ganas de gritar. Y llegar juntos a ese punto álgido de pasión que nos hace clamar por más. Rogarte que no pares, que quiero sentirte dentro. Hundiéndote tanto en mí que casi puedas rozarme el alma.
Dejarme hipnotizar por la cadencia lujuriosa de tu respiración agitada, salpicada aquí y allá con los fuertes y despreocupados acordes de tu risa. Deleitarme con el resonar rítmico de tu corazón, acostada en tu pecho mientras tus dedos vuelven a hacerme estremecer, grabando dibujos en mi piel. Sentir que ninguna cercanía le es suficiente al desesperado ansía de tenerte. Descubrir esa nueva fuerza que me nace bajo el estómago y me crea una sed casi enfermiza de vos. Que me hace querer irrumpir en tu ser sin pedir permiso, con fogosidad avasallante, rozando la violencia. Que puebla mi mente de imágenes que exigen ser materializadas en la realidad. Que ofusca mi razón y me invita a zambullirme en esa inconsciencia que sos vos así; en estado puro, al natural. Que me hace desearte. Y pegar mis labios a los tuyos con ansiedad rayana en la furia. Explorar tu boca con mi lengua en una libertina invitación al delirio.

Pasar horas bailando al ritmo desbocado e irrefrenable que nos impone la necesidad de fundirnos el uno en el otro; precipitándonos hacia el éxtasis, ahogándonos en el gozo ilimitado de sentirnos tan cerca. Tatuándonos mutuamente todo tipo de señales de nuestra mutua pertenencia.Y que el sol nos encuentre con el cabello alborotado y las mejillas encendidas, queriendo prolongar el momento indefinidamente. Agotados, felices. Empapados en esa esencia especial y particularmente excitante que impregna el ambiente cuando estamos juntos. Que la luz del alba ilumine los vestigios de nuestro encuentro, tiñéndolas de realidad. Los zapatos tirados por ahí, la ropa en el suelo, las sábanas que a duras penas cubren los cuerpos exhaustos, marcados de cientos de maneras distintas. Y saber que esto es lo que quiero, ahora y siempre. Vos y yo obedeciendo esos impulsos que se evidencian en el aire que envuelve nuestra proximidad. Vos y yo robándole tiempo a los días para estar juntos. Vos y yo alejándonos del mundo para adentrarnos en esa realidad más palpable que sólo nos pertenece a nosotros.
Vos y yo sumergidos en el deleite excesivo de dejar de ser dos.
21 diciembre, 2009
GOODBYE BRITTANY

01 diciembre, 2009
LOVE SUCKS.
27 noviembre, 2009
Harvey Milk Memorial


